Cala Figuera es diferente a la mayoría de pueblos costeros del sur porque aquí nunca pasó el drama habitual de torres hoteleras. La altura de edificación está limitada a 2-3 plantas, las casas son blancas, las casetas de pescadores con sus garajes de barcos de madera llevan décadas igual. 770 habitantes, 730 en el núcleo. Los turistas pasan de día pero suelen alojarse en otro lado.
La cala en sí tiene forma de Y con dos brazos, el brazo sur tiene las casetas de pescadores y es la postal, el brazo norte es el muelle del puerto. Ve pronto, antes de las 9, cuando los pescadores salen con los llaüts. Los barcos están pintados todos en azul y blanco y llevan nombres como Sant Antoni o Verge del Carme.
Para comer: los restaurantes a lo largo del muelle están bien pero no son lo destacable. Si quieres pescado, pregunta en el puerto si alguien tiene algo fresco, los barcos vuelven a media mañana, a veces venden directamente desde la cesta. Si no, hay un bar pequeño encima de la cala, Bar Bel Punt, con vista a la bahía.
Lo que no debes esperar: una playa. Cala Figuera no tiene. Para bañarte vas a Cala Santanyí o Cala Llombards (ambas a 10 minutos en coche). Para mirar barcos una hora y tomarte un café, estás en el sitio correcto. En invierno no viene casi nadie, esa es la mejor época.



